Un pez antiterrorista.

Lepomis macrochirus, más conocido como "bluegill" es un pez comestible de agua dulce y color azul, pero lo que llama nuestra atención de este peculiar animal no es como cocinarlo ni donde pescarlo, sino su sensibilidad ante las toxinas que pueda haber en el agua.
Este pez azulado evacua las partículas venenosas que ha podido encontrar en su camino mediante la contracción de agallas.
Dada la tremenda sensibilidad del animal a las toxinas y a elementos dañinos que pueda haber en el agua, Estados Unidos (cómo no) ha sabido sacar partido.
Mediante pequeños sensores son capaces de estudiar los posibles cambios que se producen en el organismo del "bluegill", y cualquier variación que expirimente nuestro pequeño amiguito hará sonar la alarma de la gran potencia.
Dado el elevado coste del dispositivo que controla las también denominadas "mojarras" (entre 45.000 y 110.000 dólares) no se tendrá en cuenta la simple variación de un solo pez, ya que es excesivamente sensible y cualquier tontería puede hacer variar su comportamiento, se atendera más bien a la reacción en cadena. Esto lo afirmaba un alto mandatario de la operación, Bill Lawler: "Un pez por sí solo no puede causar una alarma, pero si cinco o seis de ellos se alteran mucho y muestran síntomas de angustia es que algo anda mal".
Este pez ha cobrado, sin duda, mucha más importancia de la que jamás habría pensado tener.
Juan Fernando Fernández.
