Les voy a contar un cuento:
Érase una vez, un equipo blanco con mucha historia. Lo ganaban todo en el fútbol hasta que un día dejaron de hacerlo...

Tres años después, llegó el Coronel Capello, que afirmó que crearía una escuadra ganadora e imbatible. En la batalla de Getafe salieron mal parados.
No obstante en las siguientes luchas, entre ellas la gran batalla liguera contra el Barsa, demostraron su verdadero potencial.

Sin embargo, ayer, en la liga internacional, en la Champions, no fueron un gran ejército. Demostraron carencias en las posiciones defensivas, una artillería con el punto de mira desviado, unos cañones con poca potencia... No obstante, un espía de los merengues, Nicolita, fue capaz de colocar una bomba en el sitio adecuado, a la hora precisa.

Gracias al topo Nicolita, el Real Madrid fue capaz de poner los dos pies en los octavos de final. Un Madrid que pasó apuros durante todo el partido para sacar la pelota jugada, un Madrid que no era capaz de establecer una posición defensiva, un Madrid que no sentenció el partido en el momento justo,...

Y yo me pregunto, ¿cuál es el verdadero Madrid, el que jugó contra el Barsa o el de ayer?

David Gutiérrez Eguizábal