El pasado domingo, tras la euforia del segundo campeonato del mundo alcanzado por Fernando Alonso, las miradas se posaron en el Bernabeu.

22 jugadores se calzaban las botas y saltaban al terreno de juego. Parecía una batalla. Saludos entre amigos, besos entre compañeros, apretones de manos..., y miradas infernales.

Por el hecho de ser anfitrión, el Madrid partía como claro candidato para ganar el encuentro. Y no defraudó a los seguidores que bajo la incesante lluvia animaban al conjunto de Capello.

Con el golazo de Raúl comenzaba lo que fue una gran noche para el madridismo. Era importante para la liga que el Barcelona no se distanciase en la clasificación, pero más para el ánimo de los jugadores, que comprendieron que se puede jugar al estilo Capello y compatibilizarlo con un buen juego.

La presión madridista ejercida sobre los blaugranas no permitía que el equipo catalán jugase la pelota. Además hay que añadir que la incorporación de Ronaldinho al medio campo, en vez de mejorar el juego culé, no hizo sino condenar a Deco a un cambio seguro.

Fue Messi el mejor jugador de los visitantes, el único del conjunto capaz de sacar los colores a un campeón del mundo de la talla de Cannavaro.

A pesar de la humillante derrota del Barsa (no por el resultado, sino por el juego), hay que decir que sigue lider de clasificación, y ni el Barcelona ha perdido nada, ni el Madrid lo ha ganado.

David Gutiérrez Eguizábal